Internalice
entristecido dicha melodÃa, en la que quede preso una eternidad. Y me fue inevitable eludir el sentimiento de pena
que me embargo al preciso instante de vislumbrar una tierna escena que como rodaje cinematográfico
ante mà se hacÃa presente, cada vez
menos confusa, una escena en donde se
proyectaba tu imagen; nada más y nada
menos que haciendo gala de tu singular
belleza derrochando generosamente simpatÃa y dulzura en borbotones,
estereotipando tu personalidad en su
máxima expresión, la cual podÃa ser
apreciada desde una perspectiva nunca antes imaginada, propia de un sueño o una
alucinación. Al juzgar por tu vestimenta y por esa carta decorada que
llevabas entre las manos, reconocà de inmediato que se debÃa tratar de aquel ultimo dÃa, en ese donde no pudimos
vernos, el de nuestro aniversario. EstarÃa idealizando tal momento, como si de
verdad lo hubiese podido observar a la distancia, era algo curioso que sin
embargo, conseguÃa inquietar mis emociones en una constante de dicha y melancolÃa, viéndote, allà sentadita como todos
los jueves en la noche, aguardando mi llegada tras una ardua jornada de
trabajo, sintiendo como todo la gente
apura sus vidas en interminables vaivenes de aligerado pasos. La noche
esta inquieta. Nada inusual para ser hora
punta, sentada me esperas. La velocidad
de los neumáticos , ambulantes, personas, todo es dinámica a tu alrededor,
parece no distraerte las condiciones estresantes
del tal situación; siendo tú la que más resalta entre todos, decolorando
al resto y manifestando una admirable
paciencia, decidida a no salir de tus pensamientos, concentrada tal vez en querer
revivir momentos felices de los dos
juntos o quizás imaginando las divertidas situaciones que juntos recrearemos a
pocos minutos, tomados de la mano, riendo,
caminando a la par, surcando la acera del frente. Deseosa me esperas. Al igual que no parece aturdirte en lo
absoluto la congregación de bulla que gravita por los aires, ni el trance urbano
que se aprecia. Sabiendo neutralizar bien con unos gestos flemáticos que
desentonan con la situación. Estas en otro mundo, estás inmersa en tu
mundo, mientras todo pasa a tu alrededor. Un repentino personaje irrumpe tu tranquilidad,
incitando tu atención quebrando el hielo que separa ambos mundos y despertando tu calma, te ofrece una golosina, a la que negándote cortésmente respondes
agitando la cabeza de lado a lado y
lanzando una cándida sonrisita lo haces desistir febrilmente de su propósito, viéndolo
alejarse, mientras resuelves volver a tu
eterna espera. Nunca habÃas sido tan bella como en aquella noche, sabes.
Esta vez, tu impaciencia se hace evidente mirando hacia todos lados para veme
llegar, consultas la hora al celular; el tiempo supera en diez minutos la hora
pactada. Si no hubiese optado por abordar aquel carro lento y decidirme por el
otro que irÃa mas rápido, nada de lo que creo estoy a punto de presenciar, hubiese
sucedido. Si mi memoria no me falla, yo hubiese llegado en veinte minutos más todavÃa.
Sometido por mis ánimos que empiezan a exasperarse, estallo en llanto,
determinando dirigir todas mis fuerzas
en hablarte, en que me escuches. Grito, me frustro, reiteradas persisto en mi método,
siendo en la última donde consigo
liberarme de la tensión del espacio donde me hallaba preso, corro hacia ti pero
ni siquiera puedo tocarte, envuelta entre mis brazos, solo logro traspasar
imperceptiblemente tu cuerpo, pues mi
condición de espejismo complica mi intento, asà que me siento a tu lado, en la
banca, mientras veo tu impaciencia ir en aumento y sigues esperándome sentada, cada vez más
preocupada, ansiosa y preocupada. ¡Ponte a salvo!, grito sobresaltado, sin éxito, ¡Por favor¡,
me lamento. Mientras el ambiente se va cargando cada vez mas de una angustiante sensación, como presagiando aquel
funesto desenlace, me aterra este allÃ, observo todo. No se hizo esperar la señal que a lo lejos veo acontecer, al ver un tumulto de gente disiparse sin rumbo hacia
direcciones diversas, corriendo con la cabeza a gachas, desesperados, y
poniéndose a buen recaudo como si la muerte los persiguiese. La escena es
totalmente desgarradora, y más aún para mÃ. El sonido del cofre musical que aún
se oye se va deformando y perdiendo su
encanto, haciéndose tétrico y espeluznante. Un cambio violento en la velocidad del entorno, me pone en
alerta, reproducirse todo en cámara
lenta, todo está en mudo, y todo se desarrolla
lento sin ningún ruido que se escuche. Con excepción del sonido de una bala perdida que observo aproximar hacia mi cuerpo inerte, que
a modo de escudo, impuse inútilmente para protegerte. Mientras veo venir implacablemente
la severidad de la muerte en dicho
proyectil, sigo el curso de su recorrido
con la mirada. Siento que me atraviesa, llegando casi a centÃmetros de ti,
dándose todo aún más lento, y que por
arte de reflejo pareces haberte dado cuenta de ella, quizás rastreando el sonido desde su origen. Giras el cuello hacia su llegada; esperas inmóvil sin dibujar otra expresión en tu rostro, que no sea la de una chica que aguarda,
resignada, no la llegada de su enamorado en el dÃa de aniversario, sino
la llegada de un aciago destino. Volteo resignado a mirarte y por primera vez logro articular con
dificultad un sonido conciso, emitiendo un enérgico
¡NOOO! Que reverbera por los
aires, influyendo en tu atención al conseguir dirigir tu mirada hacia la mÃa, atónito
quedo paralizado, pensé que nunca te percatarÃa de mi presencia. Pero nada
frena el avance del proyectil el cual veo extraerte la vida instantáneamente con un mÃnimo de fuerza, haciéndote salir despedida hacia atrás, cayendo al suelo y
bañando en sangre tu blusa azul, con las
pupilas dilatadas, y el cabello alborotado. En el fondo alguien grita. CaÃste,
al mismo tiempo que revolotearon en el aire los papeles de la carta que se habÃan desprendido de tus
manos con el impacto llegando al suelo dispersas en torno a ti, uniéndose al
espanto que yace en silencio, en la pista.
- No sabes cuánto me hubiese gustado recibir de tus manos aquella carta, y
poder haber evitado ese atroz destino que te toco- declaro, mientras permanezco
echado en el suelo, sintiéndote cerca de alguna extraña manera, abrasado a
tu álgido cuerpo. Se restablece el ritmo de la calle, pero nadie me ve y
nadie me oye, de modo que estoy solo contigo, estamos solos aquÃ, en medio de
la nada y a la vez de muchos curiosos
que ha venido a presenciar sin haber alguno que se digne a socorrerte. Oigo
aquel policÃa llamar presuroso a los paramédicos. Mientras
tanto; continuo llorando, tendido y rendido ante ti, por última vez, sin
importarme si todo esto se tratase de un sueño, lo realmente importante es que
podÃa tenerte junto a ti, sea como sea el caso. Si por mi fuese, podrÃa
ingeniarme otro sueño, en donde solo estamos tu y yo, viviendo felices y
haciendo de todo nuestro mundo lo que nos plazca y vivir en dicha para siempre,
contigo. Pero ahora el caso era que te hallabas horizontal, allÃ, tirada sin
vida, esperando ser atendida sin esperanzas por los médicos. Fue irónico
contemplar aquella luz de luna blanca que
se reflejaba en tu rostro inerte, la misma luz
que solo dÃas antes podÃa ver abastecer de suficiente claridad para
poder apreciar tu desplaciente rostro infantil
lleno de tanto jubilo e inocencia, que habilidosa sabias combinar muy
bien con tu contagiosa sonrisa, un
jueves como hoy, en el que un frecuentado parque fue testigo de dicho momento,
inolvidable para mÃ. A medida que iba pasando los minutos, mi estadÃa en
aquella realidad se iba acortando. La materia empezaba a tornarse como al
inicio, amorfas y borrosas cada vez más; indicándome que todo estaba llegando a
su fin. Razón por la cual decido despedirme con un beso por última vez, aferrado a ti, pudiendo en esta ocasión sentir tus labios
claramente chocar los mÃos que cerrando los ojos, me alejaba lentamente
de ese sitio. La melodÃa que me acompaño
desde el principio mitigaba lentamente. Me devolvÃa a mi realidad, todo es
oscuro ahora, experimentando pena, sintiendo como una corriente exógena jalona
mi ser hacia afuera, despertando de golpe con los ojos húmedos y muy agitado,
sudado por el intenso sol que se cuela por las ventanas. Dando asÃ, fe de que estaba de vuelta en mi realidad de
la cual habÃa escapado por unos minutos, cediendo a los caprichosos pedidos de
mi inconsciente quien habrÃa querido idealizar
una situación de dudosa fidelidad, pero
muy lamentable al fin y al cabo.
Un
sueño que difÃcilmente creo que es como
realmente paso todo. Puesto que es complicado dar credibilidad a un fenómeno de
esa naturaleza, no obstante, no descarto
la idea de confirmarlo con testimonios de testigos in situ, si no lo hice antes
fue por no atormentar más mi mente con recuerdos negativos, pero esta vez, lo
soñé todo, y necesito confirmar la veracidad de ese sueño y despejar esta duda
que de seguro no me dejara dormir tranquilo
de nuevo. A juzgar por el desarrollo de las sucesos, no doy con una razón lógica para
que haya sucedido todo. Pero dicen que son cosas del destino y que todo pasa
por algo, donde bueno, son experiencias que a uno solo le queda aceptar con resignación
y recordar con cariño. Por fin llego a mi destino, los demás pasajeros empiezan
a desocupar el bus, mientras siento las piernas adormecidas, me levanto con cuidado,
cojo fuertemente con una mano el ramo de flores que te traje con la estampita
de tu imagen en ella y con la otra, una
bolsa amarilla con tu cajita musical intacta. Un poco aturdido, también desocupo el bus, siendo el
último en hacerlo. Un enlutado aire se respira en el ambiente, y un silencio
sepulcral se apodera de él. El cementerio jamás fue tan melancólico. Gente
llorando a sus seres queridos con atribularios lamentos, ofreciendo dadivas,
alimentos, recuerdos frente a sus respectivas
tumbas. Mientras yo continuo frente a ti, de rodillas al gras adornando la tuya
con las flores y con el cofre musical que te traje; leyendo el epitafio de tu
nombre junto a tu foto recordando aquella
sonrisa que desde la primera vez enamoro mi atención, hasta el dÃa de hoy, que
aunque no estés fÃsicamente a mi lado, sabes muy ben que te llevo siempre en
mis recuerdos y en mi corazón. La vida no fue justa contigo. Dialogando
contigo unas cuantas cosas más.
Permanezco unos minutos más allÃ, en silencio pensando, beso tu foto con
tristeza, hasta que decido marcharme levantándome con un peso superior al
habitual, logro ponerme de pie, al mismo tiempo que siento atravesar mi cuerpo
una extraña ráfaga de viento que me paraliza, el cual percibà muy familiar e
intencionado.
Con los ojos cerrados, di media vuelta dispuesto a
retirarme, pisando superficialmente el
césped me alejo de aquel lugar, dejando atrás tu cuerpo, pero llevándome en la
memoria muchos recuerdos felices de nosotros, sin importarme el precio que he
de pagar por recordarte tanto, igual te amare aunque ya no estés presente y
este tu amor ausente. Teniendo la seguridad de que revivirás cada vez que evoque tu presencia en
algún pensamiento o recuerdo mÃo. O cada vez que algún sueño oportuno nos
vuelva a juntar nuevamente, aunque fuese porunos cuanto segundos y poder gozar
asÃ. de tu especial personalidad.
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