viernes, 3 de enero de 2014

Flores para un angel



                                    Respiro profundo el bochorno del verano , mientras  viajo en la parte posterior derecha de autobús rumbo a un indeseado lugar con el espaldar reclinado al cojín del asiento  mientras decido entretenerme orientando la mirada hacia  un estresante dinamismo apreciable en las  calles de la ciudad,  de una tediosa rutina.  Viendo consumirse el curso de la vida. Procurando buscar en la inmensidad del espacio algo que me  recuerde a ti, pues te extraño mucho desde aquel evento. Pasado unos minutos, pude sentir como la mente cada vez más se internaba en una especie de sopor a consecuencia de la dedicada concentración que invertía en ella, haciéndome desvariar en cuestión de segundos y debilitando mi conciencia. Despierto en una locación de ensueño, una extraterrenal  en  donde me hallaba inmerso y era participe asumiendo el rol pasivo del típico  espectador próximo a observar una escena  con gran expectativa.    Me sentía  un ser ajenamente limitado solo a la observación, carente de la funcionalidad  del resto de mis demás sentidos, pues me encontraba  estático, sin olfato y mudo, sin poder emitir ningún sonido; pero sin duda, estaba privilegiado de una visión aérea y panorámica de aquel lugar. La falta de absorción de oxigeno termino por servir  de argumento suficiente para afianzar  una hipótesis de inexistencia deducida con antelación, dentro de un mundo onírico capaz de hacer perder la razón hasta el más cuerdo.          La apariencia del contexto se mantenía hasta ese entonces en reserva, pareciendo todo estar hecho de una misma textura borrosa y extraña.  Por donde mirase  todo  mantenía  un aspecto turbio de colores entremezclados y figuras asimétricas que dificultaban su libre apreciación. Aguarde sosegado, pero ansioso por dentro a  que  dé inicio  un particular evento, jamás antes vivido, sin interesarme lo  consciente o inconsciente que estuviera, sin generarme ninguna expectativa al respecto, preferí darle un merecido matiz de suspenso y brindando una merecida atención.  A medida que el lugar iba despojándose de su aspecto borroso para tornarse gradualmente nítido, se hizo escuchar  la reproducción de una fina melodía que en cuestión de segundos parecía colmar todo el ambiente con su relajante sonido y aunque desconocía su mágica procedencia, pude reconocerla de inmediato con suma nostalgia. Se trataba de la inconfundible melodía, que al compás,  bailaba  aquella muñequita  del cofre musical en forma de corazón que escogí  para obsequiarte el día de nuestro último aniversario con tanta ilusión. Dicho cofre que nunca llego a tus manos; y día  del cual nunca llegamos a disfrutar.    

Internalice entristecido dicha melodía, en la que quede preso una eternidad. Y me  fue inevitable eludir el sentimiento de pena que me embargo al preciso instante de  vislumbrar una tierna escena que como rodaje cinematográfico ante mí se hacía presente,  cada vez menos confusa,  una escena en donde se proyectaba  tu imagen; nada más y nada menos  que haciendo gala de tu singular belleza derrochando generosamente simpatía y dulzura en borbotones, estereotipando tu personalidad  en su máxima expresión, la cual  podía ser apreciada desde una perspectiva nunca antes imaginada, propia de un sueño o una alucinación. Al juzgar por tu vestimenta y por esa carta decorada que llevabas  entre las manos,  reconocí de inmediato que se debía tratar de  aquel ultimo día, en ese donde no pudimos vernos, el de nuestro aniversario. Estaría idealizando tal momento, como si de verdad lo hubiese podido observar a la distancia, era algo curioso que sin embargo, conseguía inquietar mis emociones en una constante de dicha  y melancolía, viéndote, allí sentadita como todos los jueves en la noche, aguardando mi llegada tras una ardua jornada de trabajo,  sintiendo como  todo la gente  apura sus vidas en interminables vaivenes de aligerado pasos. La noche esta inquieta. Nada inusual para ser  hora punta,  sentada me esperas. La velocidad de los neumáticos , ambulantes, personas, todo es dinámica a tu alrededor, parece no distraerte  las condiciones estresantes del tal  situación; siendo  tú la que más resalta entre todos, decolorando al resto y  manifestando una admirable paciencia, decidida a no salir de tus pensamientos, concentrada tal vez en querer revivir momentos felices  de los dos juntos o quizás imaginando las divertidas situaciones que juntos recrearemos a pocos minutos,  tomados de la mano, riendo, caminando a la par, surcando la acera del frente. Deseosa me esperas.  Al igual que no parece aturdirte en lo absoluto la congregación de bulla   que gravita por los aires, ni el trance urbano que se aprecia. Sabiendo neutralizar bien con unos gestos flemáticos que desentonan  con la situación.  Estas en otro mundo, estás inmersa en tu mundo, mientras todo pasa a tu alrededor. Un repentino personaje irrumpe tu tranquilidad, incitando tu atención quebrando el hielo que separa ambos mundos y  despertando tu calma, te ofrece  una golosina, a la que negándote cortésmente respondes agitando  la cabeza de lado a lado y lanzando una cándida sonrisita lo haces desistir febrilmente de su propósito, viéndolo alejarse, mientras resuelves volver a tu  eterna espera. Nunca habías sido tan bella como en aquella noche, sabes. Esta vez, tu impaciencia se hace evidente mirando hacia todos lados para veme llegar, consultas la hora al celular; el tiempo supera en diez minutos la hora pactada. Si no hubiese optado por abordar aquel carro lento y decidirme por el otro que iría mas rápido, nada de lo que creo estoy a punto de presenciar, hubiese sucedido. Si mi memoria no me falla, yo hubiese llegado en veinte minutos más todavía. Sometido por  mis  Ã¡nimos que empiezan a exasperarse, estallo en llanto, determinando  dirigir todas mis fuerzas en hablarte, en que me escuches. Grito, me frustro, reiteradas persisto en mi método, siendo en la última  donde consigo liberarme de la tensión del espacio donde me hallaba preso, corro hacia ti pero ni siquiera puedo tocarte, envuelta entre mis brazos, solo logro traspasar imperceptiblemente tu cuerpo, pues  mi condición de espejismo complica mi intento, así que me siento a tu lado, en la banca, mientras veo tu impaciencia ir en aumento y  sigues esperándome sentada, cada vez más preocupada, ansiosa y preocupada. ¡Ponte a salvo!,  grito sobresaltado, sin éxito, ¡Por favor¡, me lamento. Mientras el ambiente se va cargando  cada vez mas de una  angustiante sensación, como presagiando aquel funesto desenlace, me aterra este allí, observo todo. No se hizo esperar la  señal que a lo lejos veo acontecer,  al ver un tumulto  de gente disiparse sin rumbo hacia direcciones diversas, corriendo con la cabeza a gachas, desesperados, y poniéndose a buen recaudo como si la muerte los persiguiese. La escena es totalmente desgarradora, y más aún para mí. El sonido del cofre musical que aún se oye se va deformando y  perdiendo su encanto,  haciéndose  tétrico y espeluznante. Un cambio violento  en la velocidad del entorno, me pone en alerta, reproducirse todo  en cámara lenta, todo está en mudo, y todo se desarrolla   lento sin ningún ruido que se escuche. Con excepción del  sonido  de una bala perdida que  observo aproximar hacia mi cuerpo inerte, que a modo de escudo, impuse inútilmente para protegerte. Mientras veo venir implacablemente la severidad de la  muerte en dicho proyectil, sigo el  curso de su recorrido con la mirada. Siento que me atraviesa, llegando casi a centímetros de ti, dándose todo aún más lento, y  que por arte de reflejo pareces haberte dado cuenta de ella,  quizás rastreando el sonido desde su origen.  Giras el cuello hacia su llegada; esperas inmóvil  sin dibujar otra expresión en tu rostro,  que no sea la de una chica que aguarda, resignada,  no la llegada  de su enamorado en el día de aniversario, sino la llegada de un aciago  destino.  Volteo resignado a mirarte  y por primera vez logro articular con dificultad un sonido conciso, emitiendo un  enérgico   ¡NOOO!  Que reverbera por los aires, influyendo en tu atención al conseguir dirigir tu mirada hacia la mía, atónito quedo paralizado, pensé que nunca te percataría de mi presencia.  Pero nada  frena el avance del proyectil el cual veo extraerte la vida  instantáneamente con un  mínimo de fuerza, haciéndote salir  despedida hacia atrás, cayendo al suelo y bañando en sangre tu blusa azul, con las  pupilas dilatadas, y el cabello alborotado. En el fondo alguien grita. Caíste, al mismo tiempo que revolotearon en el aire los papeles  de la carta que se habían desprendido de tus manos con el impacto llegando al suelo dispersas en torno a ti, uniéndose al espanto  que yace en silencio, en la pista. - No sabes cuánto me hubiese gustado recibir de tus manos aquella carta, y poder haber evitado ese atroz destino que te toco- declaro, mientras permanezco echado en el suelo, sintiéndote cerca de alguna extraña manera,  abrasado a  tu álgido cuerpo. Se restablece el ritmo de la calle, pero nadie me ve y nadie me oye, de modo que estoy solo contigo, estamos solos aquí, en medio de la nada y a  la vez de muchos curiosos que ha venido a presenciar sin haber alguno que se digne a socorrerte. Oigo aquel  policía  llamar presuroso a los paramédicos. Mientras tanto; continuo llorando, tendido y rendido ante ti, por última vez, sin importarme si todo esto se tratase de un sueño, lo realmente importante es que podía tenerte junto a ti, sea como sea el caso. Si por mi fuese, podría ingeniarme otro sueño, en donde solo estamos tu y yo, viviendo felices y haciendo de todo nuestro mundo lo que nos plazca y vivir en dicha para siempre, contigo. Pero ahora el caso era que te hallabas horizontal, allí, tirada sin vida, esperando ser atendida sin esperanzas por los médicos. Fue irónico contemplar aquella luz de luna blanca que  se reflejaba en tu rostro inerte, la misma  luz  que solo días antes podía ver abastecer de suficiente claridad para poder apreciar tu desplaciente rostro infantil  lleno de tanto jubilo e inocencia, que habilidosa sabias combinar muy bien  con tu contagiosa sonrisa, un jueves como hoy, en el que un frecuentado parque fue testigo de dicho momento, inolvidable para mí. A medida que iba pasando los minutos, mi estadía en aquella realidad se iba acortando. La materia empezaba a tornarse como al inicio, amorfas y borrosas cada vez más; indicándome que todo estaba llegando a su fin. Razón por la cual decido despedirme con un beso  por última vez, aferrado a ti,  pudiendo en esta ocasión sentir tus labios claramente chocar los míos  que  cerrando los ojos, me alejaba lentamente de   ese sitio. La melodía que me acompaño desde el principio mitigaba lentamente. Me devolvía a mi realidad, todo es oscuro ahora, experimentando pena, sintiendo como una corriente exógena jalona mi ser hacia afuera, despertando de golpe con los ojos húmedos y muy agitado, sudado por el intenso sol que se cuela por las ventanas. Dando así,  fe de que estaba de vuelta en mi realidad de la cual había escapado por unos minutos, cediendo a los caprichosos pedidos de mi inconsciente quien habría querido idealizar  una situación de dudosa fidelidad, pero  muy lamentable al fin y al cabo.

Un sueño que difícilmente creo que es  como realmente paso todo. Puesto que es complicado dar credibilidad a un fenómeno de esa naturaleza,  no obstante, no descarto la idea de confirmarlo con testimonios de testigos in situ, si no lo hice antes fue por no atormentar más mi mente con recuerdos negativos, pero esta vez, lo soñé todo, y necesito confirmar la veracidad de ese sueño y despejar esta duda que de  seguro no me dejara dormir tranquilo de nuevo.  A juzgar por el desarrollo de  las sucesos, no doy con una razón lógica para que haya sucedido todo. Pero dicen que son cosas del destino y que todo pasa por algo, donde bueno, son experiencias que a uno solo le queda aceptar con resignación y recordar con cariño. Por fin llego a mi destino, los demás pasajeros empiezan a desocupar el bus, mientras siento las piernas adormecidas, me levanto con cuidado, cojo fuertemente con una mano el ramo de flores que te traje con la estampita de tu imagen en ella y con  la otra, una bolsa amarilla con tu cajita musical intacta. Un poco  aturdido, también desocupo el bus, siendo el último en hacerlo. Un enlutado aire se respira en el ambiente, y un silencio sepulcral se apodera de él. El cementerio jamás fue tan melancólico. Gente llorando a sus seres queridos con atribularios lamentos, ofreciendo dadivas, alimentos, recuerdos frente a  sus respectivas tumbas. Mientras yo continuo frente a ti, de rodillas al gras adornando la tuya con las flores y con el cofre musical que te traje; leyendo el epitafio de tu nombre  junto a tu foto recordando aquella sonrisa que desde la primera vez enamoro mi atención, hasta el día de hoy, que aunque no estés físicamente a mi lado, sabes muy ben que te llevo siempre en mis recuerdos y en mi corazón. La vida no fue justa contigo. Dialogando contigo  unas cuantas cosas más. Permanezco unos minutos más allí, en silencio pensando, beso tu foto con tristeza, hasta que decido marcharme levantándome con un peso superior al habitual, logro ponerme de pie, al mismo tiempo que siento atravesar mi cuerpo una extraña ráfaga de viento que me paraliza, el cual percibí muy familiar e intencionado. Con los ojos cerrados, di media vuelta dispuesto a retirarme,  pisando superficialmente el césped me alejo de aquel lugar, dejando atrás tu cuerpo, pero llevándome en la memoria muchos recuerdos felices de nosotros, sin importarme el precio que he de pagar por recordarte tanto, igual te amare aunque ya no estés presente y este tu amor ausente. Teniendo la seguridad de que  revivirás cada vez que evoque tu presencia en algún pensamiento o  recuerdo mío.  O cada vez que algún sueño oportuno nos vuelva a juntar nuevamente, aunque fuese porunos cuanto segundos y poder gozar así. de tu especial personalidad.                                 

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