No hay lugar
para más cortejos, ni más intentos fallidos, ya no. Si está tu corazón y el mío
ahora, más distante que en el principio, cuando
recién te conocía, ¿CÓMO SEGUIR?
Con una relación que se fue contaminando
cada vez más con el germen de la monotonía
apoderándose de él, infectándolo y desconectando ese nexo de apasionante romance que nos unió
alguna vez, unión que juntos concebimos
con inmensurable emoción en un inicio y del que hoy solo quedan migajas . Nos
debilitaron las discusiones y las constantes muestras de celos como producto de
la maldita desconfianza que engendramos; guiados a ciegas por nuestras emociones negativas, sin poder
darnos cuenta en el momento que se pudieron haber evitado. Ahora todo está perdido, todo indica la llegada de
un aciago final, mientras tanto a tu lado vivo una agonía; suena trágico pero, al menos
así lo siento yo, pues no soporto ni un
día más el llevar encima toda esta presión que me cala el alma, me hiere no ser yo, y tratar de emular a diario una relación ideal, lo cual
es algo que no existe ni podrá existir.
Ya no, las condiciones actuales de la relación no dan para tanto.
Vislumbro todo con imparcial claridad, ahora veo que faltaron más de esos ratos especiales, sabes, de alegría compartida, de risas y llantos de felicidad; y al contrario, dilapidamos el tiempo en vanidades y riñas innecesarias que en vez de alimentar este sentimiento, lo azotaba sin piedad. Nos desentendimos de él y no avivamos el fuego de nuestro amor; el cual adolorido veo consumirse y luchar por resurgir de entre las cenizas con débiles brotes de esperanza; pues tú te niegas, !! aún no lo ves!!, cada vez que te expreso mi pensar solo dices que solo estoy delirando y me doblego ante el temor de una posible decepción; que me amedrenta la idea de sufrir y que no sé lo que digo. Sin embargo, no es así como lo veo. No hay cambio que realizar, ni enmendar algún error; ya no hay nada que hacer, no se puede fingir ni inventar algo de la nada. "No eres tú, sino yo" dirían los clásicos, en realidad, somos los dos. Son estas condiciones propias de la circunstancia en que nos encontramos atrapados y sin escapatoria, condiciones que nosotros mismos diseñamos ignorantemente. Aquí no hay culpables, sino responsables. Es duro aceptarlo mas cabizbajo, me toca creer que es así.
falda de un
árbol, echado en el gras, contemplo el cielo azul, con sus amorfas nubes de
algodon , mientras rebusco dentro del baúl de nuestros recuerdos ( baúl, que ya tocara poner
cerrojo) aquellos recuerdos de los dos, de los pocos felices que
vale la pena recordar. Como esa vez que
juntos, aquel día de verano, sentados, entrelazando miradas y con
todo el ambiente propiciando aquel momento ,
en torno al helado que
acostumbrabas tomar los lunes, reíamos y conversábamos de cualquier tema
al azar, sazonando el momento con lapsos eternos de cómplices miradas de
cortejo , y sintiendo nuestros pechos
inflarse de la más grata ilusión en la medida que corrían los segundos,
generando química. Tal sensación era compartida.
He ahí cuando
te descubrí por vez primera, habíamos conversado antes pero, no te conocía
integramente, me enamore como por arte de magia, como flechado por cupido,
en tan solo un segundo. Sin opción a
salir, quede atrapado en tu metafísica
belleza y tu cautivadora ternura. Recuerdo, que mi rostro dibujaba una
indeleble y resplandeciente sonrisa esa vez, que me duro muchos días. En
consecuencia a ello, creí tomar la decisión correcta, al poco tiempo que te
declare lo que por ti sentía, fue predecible y gracioso desatar el Sí que
dentro tuyo permanecía contenido desde hace varias citas. Vuelvo a vivir tal época,
con mis recuerdos. Mas luego despierto y me doy cuenta de que son solo eso recuerdos, que hoy mueren agónicamente en un
resignado suspiro . Siento mojar mis
mejillas, entre profundos sollozos, me recojo el cabello desde la frente, un
enérgico valor aflora súbitamente dentro
de mi, ceso el llanto y pienso en
intentarlo una vez más, en no rendirme; pero un brusco golpe de realismo me
reajusta a la situación actual poniéndome en mi sitio ¿Cómo seguir?. Si cada vez te reconozco
menos y me confundes más. Has cambiado
mucho, o te he ido conociendo mas desde
aquel entonces, por influencia de tus amistades quizás, o de tu nuevo estilo de
vida tan egocéntrico que elegiste , te despersonalizaste a tal punto de
tornarte irreconocible ante las personas que te apreciamos. Incluso, no percibo
ya tus besos, tus caricias ni abrazos como las iniciales, las siento ahora
como solo hostigantes toques y caricias de incrédulo afecto, no generas en mi
la misma sensación especial que antes. Ese brote de alegría innata cada vez que
te veía. Y el amor… el amor es algo más que solo caricias y besos o que
palabras bonitas y promesas vanas; es en definitiva, un sentimiento que
posee en su naturaleza una amplia extensión que compromete muchos puntos de
nuestra forma de sentir, pensar y actuar, modificándolos, en comparación de los
que eran antes y dotándolos de una inefable carga afectiva que nos lleva
a actuar de determinado modo, segun el grado de sentimentalidad que estemos
experimentando. Es un constante decir te
amo sin necesidad de hablarlo, una permanente muestra de sinceridad, transparencia
y respeto mutuo. Cualidades que hemos dejado atrás desde hace mucho, y que nos imposibilitan de
intentarlo una vez más, nos desanima. Analizo agudo la situación, y hoy, es
hora de sincerarme, contigo y conmigo mismo. Decirte adolorido que ya no es tu
voz, la que resuena entre las paredes de mi
mente cuando no te siento cerca, haciéndome suspirar de añoranza ; ya no
es tu mirada la que me recuerda que te amo con todo el alma; ya no es tu
presencia con la que fusiono la mía para sincronizar pensamientos de todo tipo, desde los mas cuerdos hasta los más
zafados, entendiéndonos y empatizando en gran medida, ni que son tus labios ni tu cobriza piel los que extraño y deseo tanto.
Sino que son todo lo contrario, y sin todo ello, ¿cómo seguir? .Carecer de lo
fundamental en una pareja, enjuicia y limita todo avance fructífero, menguando
toda motivación de empresa y disolviendo
los lazos afectivos ya existentes, lo sé muy bien; y por ello, ahora mismo iré
a decírtelo, decirte, que te quiero, y que te agradezco todos los ratos y
recuerdos felices, pero que ! esto no da para más!. Expresarte, que encontrare en la soltería, la
tranquilidad que tanto anhelo y espero que tú también lo consideres así. Sé que me quieres, y no sé si me ames,
pero esto hare por nuestro bien. Mis
lágrimas son incontenibles, respiro agitado y en silencio, y dentro mío se
desata una lucha interna por desvincular el lazo racional del afectivo; pero de
lo que estoy seguro es que la decisión
que tome es la más férrea que he de tomar por el bien de nosotros dos, en
busca de una urgente y deseada tranquilidad espiritual. No creo volverte a ver,
al menos por un buen tiempo, no es por despecho, pero acostumbro a que las cosas
queden así, hasta que pase la tempestad. Y sabes, creo que después de todo, te extrañare mucho, porque aunque no me convenga
aceptarlo, me hiciste vivir momentos muy agradables a tu lado, al menos en un inicio.
Llego la hora de resumir todo este romance, a un
recuerdo, un recuerdo y una reflexión, una reflexión y una experiencia de vida,
de la cual solo toca aprender de ella
para no cometer el error de caer de nuevo en los mismos descuidos, en estos
casos, donde la preponderancia de lo objetivo supera al de la tristeza;
emana desde dentro de uno, la fuerza de voluntad suficiente para decidirse a dar
el primer paso, la iniciativa, de culminar de una vez por todas con toda esta fantástica
realidad . Registro mis bolsillos, encuentro el celular, decidido a llamarte,
alzo la mirada; y sin siquiera haberme percatado de tu presencia, en un segundo
nuestras miradas chocan, y allí estas tú, parada frente a mí, trémula y con aires de
ansiedad, como de quien quiere confesar algo grave. Y yo, sin la menor idea de
desde cuando estuviste tras la sobra de ese árbol, observándome.
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