miércoles, 25 de diciembre de 2013

Ser o creer parecer


  
 A ti, quien crees conocerme bien. Te digo que no creo ser, en definitiva, quien tú crees que pueda ser por la apariencia que percibes de mí, pues soy mucho más.
Si es que siendo de este modo, podría llegar a ser quien siempre he anhelado,  sería entonces, ahora, un ser en permanente proceso de cambio, para bien o para mal. Mas si no lo lograse y no fuese el caso, igual seguiría siendo como creo que soy, y mientras tanto, no me agobia el que pueda ser o dejar de ser en el futuro, pero si lo tengo por consigna. Vivo sin  darme cuenta tal vez, si es que tú aseguras que soy de tal manera, sin antes haberme conocido a pleno, sin flexibilizar tus convicciones, pues es triste que  sigas creyendo que soy del  modo que tú crees que pueda ser, rebatiendo la idea de que no podría ser mejor de lo que soy, lo cual es una falacia. En tanto sepa quién soy en realidad, seguiré trabajando en quien deseo ser o al menos, parecerlo. Por ahora, solo soy quien soy, sin afectar lo que somos ni condicionando como tú eres conmigo, ni nuestro trato.
Del mismo modo para mí, tus eres, también  lo que perciben mis ojos y creo pensar que eres, prescindiendo de la posibilidad de poder equivocarme en algún  rasgo que te asigne, te veo y creo que eres conforme al rostro que reflejas de tu yo interior expuesto a  tu mundo externo.
A ellos, a quienes no conozco, ni ellos a mí, pero que forman parte de mi entorno diario. ¿Que soy para ellos o creo que pueda ser? Solamente queda decir que podría ser, para ellos, lo mismo que yo también creo que son. Podrían  conceptualizar mi Yo, en virtud a  la manera como reacciono frente a una situación dada; si sonrió mucho, seré alegre; lo que para otros pueda ser coqueto; si con frecuencia intervengo en clase; para unos seré curioso,  lo que para otros seré impertinente; y así podría seguir ejemplificando. Es así que, para ellos simplemente.      
 Soy lo que ven que hago según determinada situación, y nada más. Lo que los lleva a formarse un juicio muy vago de mi persona, impreciso y superficial. Pero no los culpo, pues no me conocen lo suficiente, ni yo a ellos, incluso son conscientes de que no me conocen. Y si piensan mal de mí, eso no afecta mi autoestima. Mas hay quienes que sí creen conocer a uno, sin antes haberlo tratado. A pesar de ello, cuando recién se conoce a alguien, se opta por elegir una de dos opciones, o bien lo vemos buena gente, y a medida que lo descubrimos vamos restándole puntos según los defectos que vaya manifestando; o por el contrario lo hacemos al revés, empezamos con desconfianzas, guardando una cierta distancia interpersonal, y a medida que lo tratemos vamos confiando más y siendo más sueltos en el trato. Por supuesto, todo este proceso es muy relativo, depende en gran medida de que  nivel de transparencia se imprima en cada acción, cada palabra y cada pensamiento que se exprese para obtener como resultado, NO un diagnóstico preciso y acertado pero si un acercamiento muy fiable del cómo puedan ser. Generalmente el primer caso, corresponde al tipo de persona optimista y afable; mientras que el otro caso atañe a la del tipo desconfiado  e inseguro, inseguro tanto del otro como de sí mismo.
                                                            
En cuanto a mí, creí saber quién era en realidad, pero solo conseguí darme cuenta que cada vez me desconocía mas. Un reminiscente efecto se genera en mí, en el colegio, casi todo habremos escuchado el juego del QUIEN ERES, sin nunca acertar a la respuesta correcta, respondiendo con  
nuestro nombre, nuestra ocupación, edad, nacionalidad, roles que desempeñamos, en general, etc. y ninguna era la repuesta. Me decían, no te he dicho cuál es tu nombre, sino quien eres, o no te  he preguntado a que te dedicas, sino quien eres, nunca satisfacíamos a dicha pregunta. Muchos teóricos afirman la existencia de un  rasgo de personalidad, de comportamiento que asignaremos a  alguien, lo cual indicara una fuerte tendencia que tendrá dicha persona a actuar de un modo o no, frente a determinada situación. Ese es un rasgo de personalidad. Aun así atribuir más de un rasgo a alguien, ya dificulta la búsqueda de su conocimiento íntegro  y nos aleja cada vez más de la verdad de cómo es; ya que la personalidad se define como todo un sistema muy complejo de características, y a duras penas podremos resumirlo en un solo rasgo unico. No obstante, nada nos asegura de que ese rasgo sea el real, su naturaleza dependerá no de nuestro diagnostico observable, sino mas bien, de la aplicación y la frecuencia  que le dé el dueño de dicho rasgo. Tampoco nada asegura su permanencia, pues puede ser de carácter  volátil en la medida que el propietario vaya adquiriendo más experiencia en su  acontecer diario y dinamice su personalidad, remplazando de a pocos su forma de ser por la de otro. Para este cambio influirá mucho el nuevo estilo de vida que adopte y los hábitos que practique, entonces  es paulatino. Quizás ni el mismo se percate de su cambio; a menos que realice un análisis interno concienzudo y lo corrobore con la opinión de las personas que lo han visto crecer desde hace mucho tiempo, como familiares o algún buen amigo de la infancia.       
Quizás, hoy en día , socialmente se ha generado entre las personas una fuerte tendencia a limitarnos estrictamente a  nuestros juicios observables para poder conocer a una persona, la tecnología nos ayuda a conocer mas el mundo, pero poco o nada hacemos por conocernos entre nosotros mismos, sin arriesgarnos a ir mas allá de lo evidente. Son  solo hipotesis inciertas que nos lleven a que quizás  erremos o quizás acertemos en algún aspecto, pero lo realmente cierto es que a partir de tales juicios irreversibles,  en muchos casos,  generemos una idea, una opinion , y con esa idea basemos el modo de interrelacionarnos  a diario con ellos, ya sea de buena manera o ya sea pensando mal de ellos; en ambos casos, es un conocimiento muy superficial y dista mucho  de su forma de ser real. Hoy te digo que, no todas las cosas  son lo que parecen ser, que la apariencia es un desleal amigo  que en muchos casos nos termina engañando. Y más aún, nos engañamos a nosotros mismos teniendo una mentalidad de tan poca apertura al conocimiento transparente y objetivo de la realidad. Es mas, es  difícil definir  a un ser humano  como tal, con todas sus características tan complejas e inconstantes con un ritmo de  vida tan acelerado y dinámico como la que se vive hoy en día, expuesta a miles de influencias parametradas por la sociedad, ya sea gracias a los medios de comunicación o gracias al de la alienante sociedad, que son las que repercuten más en él .No se puede tomar una lápiz y un papel, y apuntar como ES alguien en base lo que veamos de ella, esto implica un arduo proceso de dicernimiento, que puede ser nivel axiológico, afectivo, cognitivo-conductual, etc.   Para ello se requiere mucho más que solo la visión, se requiere de dos cosas importantes; la primera, tener el interés  de querer conocer a dicha persona, conversándole  y segundo, un alto grado de percepción extrasensorial, a lo que llamaremos INTUICIÓN ASERTIVA complementado con el alto grado de  empatía que depositemos en el momento de entablar una conversación con el, o en el momento de tratar de entender su comportamiento. No todos podemos gozar del ejercicio diario de una empatía de alta calidad, ya que muchos de nosotros, estamos acostumbrados a solo velar por nuestros intereses, producto del mundo competitivo que vivimos y poco nos importa el de los demás; “salvamos nuestro pellejo” y punto, dirían algunos. Dicha decisión egocéntrica, no es refutable, pues es cuestión de cada quien hacer de ella su estilo de vida pero lo que si hay que tener en cuenta es la repercusión negativa que genera a nivel personal. Se identifica una  desventaja en perjuicio de nuestro modo de catalogar ,  que es la de,   que no nos permitirá desarrollar un buen nivel de empatía con los demás, razon por la cual se nos dificultara despojarnos de nuestra mentalidad tan cerrada y necia al procurar entender la actuacion  al otro,  como quien dice, se nos mete una idea en la cabeza y, nadie nos la saca.
                                                                     
En definitiva, no soy ni monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, ni el rostro bonito que quisieras que sea, ese que con gran carisma y elocuencia cautivaría la admiración de cualquier iluso. Ni soy la gruesa billetera que engalana mi presencia, a ese que todos adulan interesados; no soy ni lo  quisiera ser. No soy dinero ni belleza, pues soy mucho más. No soy el más popular, ni el menos ignorado. No soy el más educado ni es más irreverente, ni el más inteligente, si a veces me siento ignorante; si cada día se  mas, pero  entiendo menos No soy ni estoy don quisiera estar, ni ser como quisiera ser. No creo ser sucio si escupo es la calle, pues me baño a diario; no soy el más antipático; si puedo ser el amigo predilecto que te brinda un consejo de corazón. No creos ser tampoco el mejor ciudadano si a veces creo en cambiar la sociedad para bien, y sin embargo arrojo basura por la ventana del carro, ensuciándola. No creo ser  el paradigma de hombre, si alguna vez pensé en matarme. Ni el deprimido ser que cree ver todo negro en su vida; si me preocupo por mi futuro. No creo ser  ni creo parecer el mejor hijo, si amo a mis padres y sin embargo, alguna vez les falte el respeto. Ni ser el mejor creyente de Dios; si  mi comportamiento ante el prójimo es inconsecuente y contradictorio con mis ideales religiosos, ni el mas maduro, si caresco de firmeza para tomar desiciones relevantes, no creo ser el protagonista de la pelicula, si algunos finales no me son favorables.
Lo único de lo que estoy seguro ser, es que soy esperanza de poder ser quien siempre he anhelado ser. Que soy tanto un resultado, como un proceso, resultado de mis experiencias vividas  y proceso constante de cambio. Un ser humano de pasado seguro, pero de presente y futuro incierto. Soy lo que soy ahora y lo que pueda ser mañana, sin dar tregua al destino, vivo la vida como creo que es correcta vivirla y espero encontrar algún día, mi razón de ser, saber lo que realmente soy o al menos, creo parecer.    

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